Durante las pasadas dos semanas he escuchado la historia de alguien cercano a mí y de sus dificultades con su pareja, y que han acordado como límite mañana lunes para discutir y “definir” su relación. Al mismo tiempo, leo un artículo donde el autor expresa que el amor, sobre de todas las cosas, se alimenta de paciencia. ¡Pero qué difícil parece esto de la paciencia! Porque finalmente la paciencia la usamos para mantenernos en la espera de lo que esperamos, más no abrimos nuestros sentidos de manera que podamos percibir algo más, algo extra de nuestras expectativas. Eso supone un esfuerzo más allá de los límites conocidos, y el temor que lo no conocido nos infunde nos lleva a la reacción de rechazarlo y tacharlo como desagradable.

Sin embargo, es la “no definición” de las cosas lo que nos enriquece; es la duda la que nos mueve a buscar otras respuestas y nuevos significados. Ante la duda se abre la posibilidad del aprendizaje y el crecimiento; y ante la paciencia, se esclarece la herramienta fiel necesaria para sobrevivir exitoso a ella.

La duda nos hace pensar buscando respuestas… y al escribir, nos sentimos acompañados ante los descubrimientos obtenidos.