Google images“Educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para las dificultades de la vida”. (Pitágoras)

Esta semana estoy participando de un curso intensivo sobre “Educación basada en Competencias”, el cual es un modelo educativo que la UANL está ofertando en el nivel medio superior, y que pretende eficientizar el desempeño de los estudiantes de preparatoria mediante provocar lo que se conoce como el “aprendizaje significativo”.

Aprendizaje significativo: que el estudiante re-defina la importancia de poder aprender, que identifique sus necesidades para aprender, que decida sobre sus alternativas para adquirir habilidades que le permitan aprender, y que re-descubra el placer por todo lo anterior. En pocas palabras: que viva el proceso de aprender. ¡Vaya proyecto que tenemos! Sin embargo, para quienes dedicamos nuestros esfuerzos a la industria de la educación vemos en este panorama una serie de posibilidades que nos emocionan por una parte, y nos cuestionan en otra. Vivir el proceso de aprendizaje implica invertirle vida a ello (la propia por supuesto), lo cual nos obliga a mirarnos a nosotros mismos (los que enseñamos), a re-descubrir nuestro propio significado de enseñar, y a decidir sobre la persona que queremos ser para nuestros estudiantes; situaciones que habrá que revisar en sus condiciones actuales antes de emprender la tarea. Será necesario contar con la capacidad de acompañar a los estudiantes en el descubrimiento de sus potenciales, desempeñando a su vez la labor de integrarlas en equipos de trabajo conjunto; contribuir con elementos que les permitan construir el entorno fértil para decisiones de aprendizaje satisfactorias; lograr el reto diario de cultivar el significado vital indicado que permita que este aprendizaje sea “a lo largo de la vida y para todos”.

Se abren alternativas para crear y contribuir, que son de lo menos que podemos hacer a cambio de la oportunidad que nos obsequian cada día nuestros estudiantes de ser partícipes en y de su aprendizaje. Pero lo mejor de ello es la oportunidad de re-descubrir nuestros propios potenciales, así como re-definir nuestro propio significado y valor como personas.

Para más información: El Modelo Mexicano de Educación basada en Competencia