“Calidad significa hacer lo correcto cuando nadie está mirando”. Henry Ford (empresario estadounidense)

En los últimos dos meses he estado sumergida de una manera particular en todo un proceso que se está viviendo en el trabajo, esto debido a la próxima “auditoría externa” con el objetivo de la preparatoria sea reconocida con la certificación ISO 9000-2001. Esta experiencia ha tenido a mi pensamiento muy ocupado en procesar ideas de todos tipos, a mis manos muy ocupadas en llenar una cantidad inimaginable de documentos todos los días, y a mi estómago sin descanso lidiando con los jugos gástricos producidos entre los alimentos que llegan con cierta regularidad y las emociones ante la solicitud de un nuevo reporte por entregar “en la mayor brevedad posible”. Y lo más interesante de todo esto es que las actividades que he realizado durante estos meses podría hacerlos hasta dormida; de hecho, creo que las hago… al menos en mis sueños. Y es que, ¿te ha sucedido  que alguna situación por resolver te tiene en tal tensión que hasta la sigues haciendo en tus sueños mientras duermes? Y lo que es más: ¡Hasta encuentras las respuestas adecuadas y al despertar las olvidas por completo!

Veo definiciones sobre calidad (tratando de empaparme con el sentido del esfuerzo realizado), y refieren a una propiedad. Según la confiable wikipedia, la calidad es “un conjunto de propiedades inherentes a un objeto que le confieren capacidad para satisfacer necesidades implícitas o explícitas”. Y esto me ha quedado claro. Sin embargo, lo que comienza a confundirme es sobre las necesidades de qué o de quién estamos hablando. ¿El cliente? ¿El reconocimiento? ¿El des-reconocimiento? Y la duda nace cuando me doy cuenta de que, poco a poco y mientras más cercana está la auditoría que nos permita la certificación, más ocupada estoy en pensar, en escribir documentos y en lidiar con mi estómago, incluso para atender a mis alumnos en las diferentes esferas de mi responsabilidad. Y es más; ahora me han informado que las faltas a mis responsabilidades básicas que sean por necesidad de asistir a reuniones administrativas están “justificadas”.

El principio de calidad de acuerdo a los procesos de certificación de cualquier índole se basa en la premisa “documenta lo que haces y haz lo que documentas”; sin embargo, tengo la percepción en ocasiones de que realmente se trata de “haz como que haces y documéntalo”. Estoy consciente de que no todos los modelos de calidad de todas las instancias reconcidas pudieran estar en la misma situación que ésta; sin embargo, me preocupo por aquellas que sí (las cuales por supuesto hay). Parece importante, y hasta urgente, recapitular sobre el concepto de calidad. No quedarnos sólo con los estándares de la “calidad total” para entonces definir en el contexto del sentido común, los valores, las responsabilidades y los derechos inherentes a ella, más allá de las retribuciones que de ella pudieran obtenerse. Hacer menos calidad y “hacer más”, que la calidad está inherente en el concepto total del hacer. Que la calidad sea la propiedad de las acciones y no el objetivo final de ellas. Y que así, la calidad pueda ser reconocida sin dificultad ni confusión por aquellos que así lo requieran y en los modos que sean convenientes.

Y finalmente, estas reflexiones y esfuerzos… sean todos por la calidad.