Así es. En lo que parece ser el operativo “Antialcohólicas reloaded”, el alcalde del municipio de Monterrey Fernando Larrazábal da el anuncio de que a partir de esta noche de viernes 15 de enero operarán nuevamente (qué simbólico, en día de quincena).
El término “reloaded” es en honor a la serie de mejoras que promete tener este operativo, dentro de las que destacan la previa limpia realizada por la alcaldía de Monterrey en el departamento de Tránsito, así como la incorporación del monitoreo virtual en tiempo real desde cada uno de los retenes que se establezcan en la ciudad desde la página del Municipio de Monterrey (el cual será sólo uno en los próximos días ya que aún no se cuenta con todo el equipo necesario para poner en marcha el programa en su totalidad).
Y aunque sé que todos hemos sido testigos vivenciales o de anécdotas en las que la corrupción es un elemento clave del funcionamiento de este operativo, es de reconocerse que en esta ocasión se está dando gran difusión al procedimiento, criterios y derechos involucrados en él. Al respecto, algunos detalles de interés son los siguientes:
Antes de procesar las especulaciones esperadas (”¿Será verdad que no habrá corrupción?”, “Siempre dicen que no habrá corrupción, si todo empieza desde el alcalde”, “Mujeres tránsitos, ¿y eso qué?”) o comenzar impulsivamente una búsqueda en google sobre “métodos para despistar un estado de ebriedad ante autoridades”, resulta necesario darnos unos momentos para preparar una buena noche sin que termine en la molesta y penosa experiencia al topar con un retén. Mucho antes de monitoreo virtual, las mujeres tránsito y la posibilidad de ganar una lana denunciando irregularidades en el servicio, el verdadero control está desde la decisión de ingerir alcohol. Finalmente, y la parte más triste, es que este tipo de operativos y otros tantos nacen de la necesidad de evitar que más personas en nuestra ciudad resulten dañadas o pierdan la vida en accidentes donde personas en estado de ebriedad son actores estelares.
Seamos prácticos. Existe una alternativa simple para frenar la corrupción a este respecto: No conducir en estado de ebriedad. Es posible respetar el derecho a nuestra diversión sin violar el derecho a la integridad y la salud de los demás. Cuando se conduce ebrio ponemos en riesgo a todos a nuestro alrededor, empezando por el conductor. Si al final no te conviertes en una víctima estadística de muerte o lesión, eso no significa que estés a salvo.