“Hay dos fuerzas internas que debaten entre nosotros: Una que se cansa, se frustra, y espera el cambio de afuera hacia adentro. Otra que se sacude, ve hacia el cielo y se propone ser la mejor versión de lo que se puede ser, y comienza con lo más obvio teniendo iniciativa, compromiso y amor a la vida”.
Lic. Lupita Iglesias (Coordinadora del Área Conductual, Facultad de Psicología UANL).
En una nota hoy he leído sobre los planes en el corto plazo para integrar una orquesta sinfónica en el CERESO de Mérida, Yucatán
La música permite la expresión pura de las emociones, pero de manera que invita también al reconocimiento de ellas. Es un espacio ideal para lograr una conciencia del sí mismo y hacia el entorno. Apostar por la tranquilidad es un gran acierto pues el que violenta lo hace por esa paz que no tiene, que no conoce, pero que tanto necesita. La necesitamos todos.
Además, la nota nos recuerda que esa paz no llega, sino que se construye. Se requiere del compromiso y la paciencia; implica aprender a controlar los propios impulsos y mirar por el bien común. Por desgracia, cada uno de estos conceptos nos hacen pensar en costos (¿y qué decir de pensar en todos ellos juntos?). Pero si abrimos nuestra mente y nuestro corazón es fácil ver que se trata, más bien, de una inversión con ganancias para todos.
Una alternativa creativa a la música, una oportunidad para rehabilitar el alma. Un camino, entre otros, al reencuentro de la paz.